DEMETRIO, EL TORPE

En el siglo XVIII nació en Suecia, Carl Nilsson Linnaeus, al que con nombre castellanizado conocemos como Carlos Linneo.

Linneo fue un científico, naturalista, botánico y zoólogo sueco que estableció los fundamentos para el esquema moderno de la nomenclatura binomial. Se le considera el fundador de la moderna taxonomía, y también se le reconoce como uno de los padres de la ecología.

El sistema de nomenclatura binomial, que se convertiría en clásico, se basa en la utilización de un primer término, escrito en letra mayúscula, indicativa del género y una segunda parte, correspondiente al nombre específico de la especie descrita, escrita en letra minúscula. Linneo agrupó los géneros en familias, las familias en clases, las clases en tipos (fila) y los tipos en reinos.

Pero además con su sistema de nomenclatura aportó un carácter universal a cada nombre de animal o planta. Así en España se escribe por ejemplo, ciervo, en Francia cerf, en Inglaterra deer, etc…pero para todos/as los/as científicos/as del mundo el ciervo es Cervus elaphus L. (Por cierto esa L final nos señala que fue Linneo el que asignó ese nombre a esa especie de ungulado).

No con ánimo de ofender o de dañar su imagen, sino con el mismo espíritu científico que animó a Linneo, es decir nombrar a un espécimen en función de sus características o capacidades, hoy denoto a Demetrio Fernández, obispo católico en Córdoba, como DEMETRIO, EL TORPE.

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Y estas son mis razones:

La Mezquita-Catedral de Córdoba fue inscrita por el obispo Juan José Asenjo en el registro de la propiedad privada el 2 de marzo de 2006, con el nombre de “Santa Iglesia Catedral de Córdoba”, al amparo del artículo 206 de la Ley Hipotecaria, que equiparaba a la Iglesia con el Estado y a los diocesanos con notarios, en lo que los hombres y las mujeres de bien, consideramos como una anomalía jurídica claramente inconstitucional.

Y como dice Antonio Manuel Rodríguez Ramos, “el único argumento que necesitó para inmatricular la Mezquita-Catedral fue su “toma de posesión” en 1236, mediante el trazado sobre el pavimento de una franja de ceniza en forma de cruz diagonal con las letras de los alfabetos griego y latino. No presentó título formal de propiedad (la consagración no es un modo de adquirir admitido en nuestro Derecho). No acompañó sentencia judicial que reconociera haber usucapido el monumento por su posesión prolongada en el tiempo (los bienes públicos son imprescriptibles y en rigor no habría posesión civil sino un acto meramente tolerado). Tampoco se tramitó el oportuno “expediente de dominio” para salvar ambas carencias probatorias. Ni se concedió la obligada publicidad al proceso inmatriculador, como es preceptivo para toda persona física o jurídica, con el fin de garantizar que las autoridades competentes o cualquier interesado puedan presentar las alegaciones pertinentes”.

El artículo 35 de la Ley Hipotecaria considera la inscripción como justo título y presume que el titular inscrito ha poseído pública, pacífica, ininterrumpidamente y de buena fe durante la vigencia del asiento. De manera que sólo le bastaría poseerla durante 10 años para hacerla aparentemente suya. Y así por el procedimiento llamado de usucapión, la Mezquita-Catedral de Córdoba habría pasado irreversiblemente al patrimonio del Obispado de Córdoba.

Ese era el plan, pero en estas llegó Demetrio.

El 18 de febrero de 2010, Demetrio Fernández es nombrado obispo de Córdoba y lejos de dejar que calladamente se cumpliera el período de diez años, pone en marcha un intenso programa de amputación de todo lo que no fuera católico, borrando el nombre de Mezquita de Córdoba, de carteles, señales, folletos, etc.

La islamofobia de Demetrio Fernández le lleva a tergiversar la historia y a calificar al bello bosque de columnas y arcos omeyas, como la “intervención musulmana”. Así puede comprobarse en los folletos que reciben los/as visitantes de la Mezquita-Catedral.

Su actitud sectaria y maniquea no pasó desapercibida para la ciudadanía y así se constituyó la Plataforma “Mezquita-Catedral, patrimonio de todos”, que lucha para que la ciudad de Córdoba recupere lo que la iglesia católica inmatriculó pagando 30 euros.

¿Cuántas veces se habrá arrepentido de su torpe comportamiento? ¿Cuántas veces la Jerarquía Católica le habrá afeado su torpeza que ha conseguido desvelar algo que se hacía callada y subrepticiamente? ¿Qué pensará el Papa Francisco?

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