PHOTOESPAÑA 2016 (II)

Mi periplo por PhotoEspaña 2016, continuó en ese sitio con encanto que es el Museo del Romanticismo. Allí se encontraba la exposición dedicada a Miroslav Tichy, fotógrafo checo fallecido en 2011. Tichy era un fotógrafo “raro”, obsesionado co05082016-_MGL6465n el proceso fotográfico, desde la construcción de sus propias cámaras fotográficas con materiales de desecho, hasta el revelado o la vida posterior de las imágenes, intervenidas por el propio artista, en las que dibujaba paspartús, hacía retoques y favorecía la acción de los elementos externos y del tiempo.

Tichy se enfrentó a los planteamientos artísticos del progresismo comunista de la Escuela de Bellas Artes de Praga y vivió como un indigente con continuas entradas y salidas de instituciones psiquiátricas y de prisiones.

IMG_7328.JPGTichy se dedica a fotografiar a escondidas a las mujeres de Kyjov, consiguiendo unas imágenes sensuales, etéreas y oníricas.

Yo no existo en absoluto, soy simplemente una herramienta de percepción. El placer es un concepto que no practico“. Influido por el escepticismo y por la filosofía de Platón, Tichy fotografía los instantes que le interesan como captación del reflejo del mundo.

La mujer, omnipresente a lo largo de su carrIMG_7331.JPGera tanto en su faceta de pintor como de fotógrafo, le interesa exclusivamente, según afirmaba, como motivo de su trabajo y forma de belleza: “Las mujeres son simplemente un motivo para mí. Su figura y su movimiento, de pie, tumbada, sentada, caminando, es lo único que me interesa“.

La imagen de la mujer pareciera ser una imagen atemporal, casi de una deidad, si no fuera por la información que las fotografías aportan sobre el tiempo y el lugar en las que éstas se realizaron, a través de las escenas callejeras en las que se desarrollan.

Tras esta exposición dirigí mis pasos al Conde Duque. Es un espacio cultural que en cada visita, me gusta más. Su evolución desde cuartel militar de la Guardia de Corps a Centro Cultural, tiene mucho que ver con mi  satisfacción. Cuesta creer que la estupidez humana pensara derribarlo en 1975. Pero así fué.

En él se ubicaba la exposición colectiva “¡A LAS PUERTAS DEL PARAÍSO! Ensayo fotográfico sobre el migrante, el nómada, el exiliado, el refugiado, el apátrida…”. Pero antes de llegar a ella me entretuve atravesando los dos grandes patios de que dispone. En uno de ellos estaba todo preparado para una proyección al aire libre. Ignoro la película que tocaba esa noche, pero estoy seguro de que en la grandeza de ese patio, el sonido sería espectacular. En el otro patio la cosa se presentaba más heterogénea: había un pequeño escenario, donde unos músicos ensayaban algo de funky, y alrededor un puesto de hamburguesas, otro de zumos naturales, más allá uno de mojitos…y una estupenda terraza con una espléndidas sobrillas. Lo dicho: un lujazo.

La exposición ¡A LAS PUERTAS DEL PARAÍSO! en muchos aspectos no me defraudó a lo que esperaba. Como muestra colectiva, hubo autores/as que me gustaron mucho y otros/as poco o nada. Los artistas invitados eran Annick Sterkendries, John Batho, Antoine d’Agata, Peter Knapp y Mathieu Pernot y el objetivo era mostrar ese espacio soñado, conflictivo y vergonzoso en el que hemos convertido las fronteras de la Unión Europea. 

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La idea expositiva era mostrar el lugar en donde se reúnen dos colectivos cuyo destino está ligado: los migrantes y los fotógrafos. “Los primeros buscan escapar de la pobreza, la guerra o la represión. Los segundos perseveran en su capacidad de proporcionar imágenes significativas o reveladoras”.

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Particularmente me llamó la atención el concepto “migrantes” aplicado a personas en analogía a las aves migratorias que sobrevuelan las fronteras de unos y otros países. Esas fotos, en la que el/la modelo tiene una cabeza de pájaro, me resultaron muy elocuentes.

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En muchos casos, las imágenes eran duras, muy duras (lo cual explica que saliera llorando de la exposición), pero en muchos fotos percibí la sobresaturación a la que los medios de comunicación nos tienen acostumbrados. Unas fotos que comienzan a conformar ya un pequeño subgénero, el de las “fotografías oenegeras”.

Reconozco que es un asunto que me inquieta y me preocupa, y sobre el que tengo que seguir reflexionando. 

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