NO SIEMPRE EL TIEMPO PONE A CADA UNO EN SU LUGAR

En el convulso entorno político español, la reacción del presidente Pedro Sánchez ante la ofensiva judicial contra su familia, apelando a que “el tiempo pone a cada uno en su lugar”, representa una postura impregnada de un pensamiento zen inapropiado para el marco estratégico y táctico en que se libra esta batalla política. Lejos de constituir una actitud sabia o prudente, el adoptar la pasividad reflexiva del zen frente a un lawfare claramente orquestado por algunos jueces, es un error grave con consecuencias potencialmente devastadoras para la democracia española.

El zen, con su énfasis en la atención plena, el desapego y la aceptación del momento presente, ofrece estrategias valiosas para la gestión del estrés personal o la resolución interna de conflictos. Sin embargo, estas enseñanzas profundamente individuales no se traducen eficientemente en la arena política, donde las dinámicas de poder son altamente agresivas y calculadas. En política, la espera pasiva puede significar perder la iniciativa, permitir que se arraiguen injusticias y dejar que el adversario gane terreno sin resistencia. No es un estado de serenidad prudente, sino una ingenuidad estratégica.

El lawfare, entendido como el uso estratégico de procesos judiciales para desestabilizar a adversarios políticos, está patente en España con la investigación y acusación sostenida contra la mujer y hermano del presidente Sánchez. Estos casos, buscan erosionar la legitimidad del gobierno electo de manera preventiva y mediática. La fiscalía, que ha solicitado archivos de algunos cargos por falta de pruebas, y las constantes maniobras de filtración a medios afines, revelan una dinámica política de acoso judicial que supera la lógica del procedimiento imparcial.

Ante este contexto hostil, la respuesta presidencial de confiar en que “el tiempo ponga a cada uno en su lugar” es insuficiente e incluso contraproducente. Este enfoque genera la falsa expectativa de que la justicia, en algún momento, corregirá de forma natural las injusticias y la arbitrariedad. Pero el lawfare no se basa en la justicia, sino en la guerra jurídica y política donde la presión mediática, el desgaste público y la incertidumbre juegan un papel tan importante como lo jurídico. Abandonar la defensa activa y estratégica implica resignarse a sufrir el desgaste de una opinión pública manipulada y un sistema judicial que no actúa con neutralidad.

Adoptar la pasividad zen frente al lawfare puede debilitar el respaldo al gobierno, aumentar la polarización social y dejar espacio para que las fuerzas políticas radicales se fortalezcan a costa de la democracia. La táctica de “esperar al tiempo” no solo ignora la realidad del conflicto político-jurídico sino que puede interpretar erróneamente la naturaleza del enemigo, quien no actúa conforme a principios de justicia, sino a intereses partidistas. Para proteger la democracia, es imprescindible una reacción firme, con estrategias legales robustas, comunicación política eficaz y movilización ciudadana que contrapese la ofensiva judicial.En tiempos donde la democracia española enfrenta accidentes de poder disfrazados de procesos legales, la adopción del zen como filosofía de enfrentamiento político es un lujo peligroso e ingenuo. La defensa del gobierno legítimo debe ser enérgica, clara y constante, conscientes de que la justicia puede ser un campo de batalla jurídico-político, y por tanto, requiere recursos, estrategia y compromiso para evitar la erosión del sistema democrático. El tiempo puede poner a cada uno en su lugar, sí; pero solo si quienes defienden la democracia no se resignan ni esperan pasivamente, sino actúan con determinación para preservar los valores y el orden constitucional.

Este texto se publicó en el diario CORDÓPOLIS el 28 de septiembre de 2025

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EL COLAPSO SANITARIO QUE MORENO BONILLA YA NO PUEDE OCULTAR

La crisis del programa andaluz de detección precoz del cáncer de mama no ha surgido de la nada. No es fruto de un error técnico ni de un descuido administrativo. Es la consecuencia directa de siete años de políticas que han debilitado deliberadamente los cimientos de la sanidad pública andaluza. Lo que se está viviendo hoy —colapsos en las unidades, retrasos en las citaciones y una caída en la confianza de las pacientes— no es más que el desenlace lógico de una estrategia que priorizó los recortes y la gestión externalizada por encima de la prevención y la vida.

Durante más de dos décadas, el programa de cribado de cáncer de mama había sido un motivo de orgullo colectivo. Un símbolo de cómo la sanidad pública podía cuidar de su gente con eficacia, sensibilidad y justicia. Cada cita en una mamografía era una promesa cumplida: la de que la salud de las mujeres no dependía del dinero que tuvieran en la cuenta, sino del compromiso de una comunidad con su bienestar. Ese espíritu es el que se ha ido diluyendo lentamente entre contratos temporales, ratios imposibles y hospitales que se ven obligados a hacer más con menos.

Hoy, los datos empiezan a mostrar el daño: menos mujeres llamadas, más demoras en las pruebas, más diagnósticos tardíos. Pero detrás de cada cifra hay historias reales, nombres, familias, miedos. Está la mujer que lleva meses esperando una llamada que no llega. Está la enfermera que encadena turnos dobles para cubrir a sus compañeras. Está la médica que, a pesar del agotamiento, sigue empujando para que el sistema no se derrumbe del todo. Son ellas las que sostienen con esfuerzo lo que la política del Partido Popular está dejando caer.

El discurso oficial lo maquilla. Hablan de “ajustes”, de “nuevos modelos de gestión”, de “eficiencia”. Pero en la práctica, esas palabras son eufemismos para esconder un vaciamiento premeditado. La eficiencia no consiste en ahorrar a costa de retrasar diagnósticos, ni en medir resultados sin entender sufrimientos. Si una mujer recibe su mamografía con meses de retraso y el cáncer avanza, ¿de qué sirve la eficiencia? Si el sistema se sostiene gracias al sacrificio de profesionales agotadas, ¿qué clase de modernización es esa?.

La desatención no es sólo un fallo sanitario: es un atentado moral. Porque estamos hablando de un programa que salva vidas, que reduce la mortalidad y que ofrece esperanza. Dejarlo caer no es un error técnico: es una decisión política. Y toda decisión política tiene responsables con nombres y apellidos.

El Gobierno de Moreno Bonilla ha insistido en que el sistema funciona, en que los recursos son suficientes. Pero cada centro de salud saturado, cada mujer olvidada en la lista de espera, desmiente ese relato complaciente. No hay excusa que justifique que una política pública esencial, construida durante años con el esfuerzo de miles de profesionales, se degrade bajo la indiferencia gubernamental.

Andalucía necesita una sanidad que cuide, no una que justifique su abandono con discursos tecnocráticos. Necesita volver a colocar la prevención en el centro, reforzar las plantillas, dignificar los contratos y escuchar a quienes advierten desde dentro que el sistema se resquebraja. Las trabajadoras sanitarias no piden milagros: piden medios, respeto y estabilidad. Y las mujeres andaluzas no piden privilegios: piden que se respete su derecho a la detección temprana, a vivir.

No hay nada más profundamente político que decidir a quién se cuida y a quién se deja esperando. Por eso defender el programa de detección precoz del cáncer de mama no es solo una lucha por un servicio concreto: es una defensa del sentido mismo de la sanidad pública. Es decir “no” al abandono, “no” a la precariedad, y “sí” a una política que mire a las personas y no a los balances.

La salud de las mujeres no puede depender del azar, ni de la retórica de quienes se esconden tras cifras maquilladas. Cada demora, cada silencio, cada mamografía perdida, es una grieta en la confianza de toda una sociedad. Andalucía no merece vivir con miedo a enfermar, ni ver cómo se destruye, sin ruido, una de las conquistas más humanas de su historia reciente. Toca recuperarla. Toca levantar la voz. Porque la sanidad pública no se defiende sola: la defienden quienes no se resignan a verla morir.

Este texto se publicó en el diario INFOLIBRE el 18 de octubre de 2025

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LA REBELIÓN DE LOS PALURDOS

Se estrenó en 2008. El título de la película es THE READER (El lector). Está protagonizada por Ralph Fiennes, David Kross y Kate Winslet y dirigida por Stephen Daldry. El guion es una adaptación de David Hare, de la galardonada novela homónima de Bernhard Schlink. Su protagonista femenina, Kate Winslet, consiguió un Óscar, un BAFTA y un Globo de Oro, entre otros premios. La otra noche, la echaron en La 2.

Como sucede con las películas interesantes, hay diversas formas de aproximación. En una de ellas nos muestra la historia de Michael Berg, un muchacho adolescente en la Alemania de la segunda postguerra, cuyo despertar sexual se produce con el apasionado idilio que mantiene con una misteriosa mujer que le dobla la edad y que esconde un vergonzoso pasado además de un profundo secreto personal. A medida que la curiosidad cede al incómodo sentimiento de culpa experimentado por aquellos cuya mayoría de edad se produjo después del Holocausto, la esencia de la película se nos va revelando, como una historia sobre «la verdad y la reconciliación».

Básicamente podemos decir que la película trata sobre la culpa y cómo continuar sabiendo lo que hemos hecho.

No vamos a hacer spoiler, pero la película tiene un momento crucial en el que la protagonista, pudiendo obtener una condena de cuatro meses, recibe una sentencia de cadena perpetua, porque no quiere reconocer que es analfabeta y que no sabe leer.

Esa vergüenza que evita pasar la condenada es impensable en los tiempos que corren. Que una persona admita ser condenada a cadena perpetua, antes que confesar que, en el desarrollo de unos hechos punibles, ella no sabía leer y, por lo tanto, tampoco escribir, es una situación que muchas personas pueden no entender al tratarse de una decisión atípica.

Porque en la actualidad, en España, sobrevivimos anclados en el extremo opuesto: en una sociedad en la que no hay vergüenza de ser ignorante. Ítem más: existe un cierto “orgullo” de ser ignorante.

Hace unos años en Córdoba un empresario, que terminó acuciado por deudas y condenas, presumía de “no haber leído un libro en su puta vida”. Lo mismo pasó con un futbolista del Real Madrid. Nada, no pasó nada. A ambos se le rieron “la gracieta”.

Hace unos días, la presidenta de la Comunidad de Madrid manifestó su sorpresa, después de haber estudiado una licenciatura universitaria, porque en Ecuador se hablase español. Y no pasó nada. Unas sonrisas benévolas y si ahora esa persona participase en una contienda electoral, seguramente sería masivamente votada, “tratándose de una persona ampliamente formada y con una gran clarividencia para tratar los problemas de la cosa pública” (las comillas son mías).

Vivimos en una sociedad en la que los palurdos hacen gala de su ignorancia. En el que parece existir una competencia por ver quien demuestra ser más palurdo (o palurda, que de todo hay en la viña del Señor).

Y si esos desvergonzados analfabetos se quedasen ahí, su daño quedaría limitado. Pero es que acto seguido a presumir de su incultura, se lanzan a creer en falsos gurús y a propalar sus ideas mentecatas.

No tienen bastante con darle una patada a miles de años de Formación, Educación y Cultura. Sino que, con decidida fe, pasan a convertirse en creyentes de que la tierra es plana, de que las vacunas incorporan microchips o de que el VIH no causa el SIDA.

A los palurdos les da igual que hace más de 2200 años Eratóstenes estimase la circunferencia de la Tierra. O que las vacunas contra el virus SARS-CoV-2 (COVID-19) hayan salvado miles de vidas humanas. Para ellos, el Cambio Climático no existe, porque a M.Rajoy “se lo ha dicho su primo”.

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PUENTE SOBRE AGUAS TURBULENTAS

Al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, lo han insultado de todas las formas y maneras posibles. En los últimos seis años, le han llamado: déspota, caudillista, ególatra, adanista, felón, débil, sectario, irresponsable, autoritario, frívolo, populista, corrupto, inmoral, cobarde, tahúr, dictador, trilero, golpista e hijo de puta. Y no ha pasado nada. El Gobierno de Progreso y las/os socialistas han continuado trabajando en defensa de la clase media trabajadora.

Pero si llega el diputado Óscar Puente y se dirige a Feijóo: “Explíqueme, de ganador a ganador, ¿por qué tiene usted mejor derecho a ser presidente del Gobierno que yo a ser alcalde de Valladolid, o Milagros Tolón a ser alcaldesa de Toledo…, o Fernández Vara a ser presidente de Extremadura? Explíquemelo a mí y al largo número de alcaldes socialistas que dejaron de serlo pese a ser la lista más votada”, se arma la de Dios es Cristo.

De la misma manera, si se descubre un caso de corrupción en el PSOE, el llamado “caso Koldo”, el Partido toma cartas en el asunto y al exministro José Luis Ábalos se le expulsa del Grupo Parlamentario Socialista, se le suspende cautelarmente de militancia y se le abre expediente para su expulsión del PSOE.

Pero si el novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz, confiesa por escrito a la Fiscalía, haber delinquido al evadir impuestos y haber cometido dos delitos de fraude fiscal y uno de falsedad documental, toda la Derecha Política, Mediática y Judicial sale en tropel para denunciar la supuesta persecución a la que estaría siendo sometido “un ciudadano particular”. Y lo que, es más, se califica todo de ser una manipulación para hacer daño a la “lideresa”.

Si luego “el novio” se descubre que, con el producto de esos delitos, compra uno o dos pisos, y los ocupa la persona que preside la Comunidad de Madrid, parece evidente como indica el ministro Óscar Puente, que Isabel Díaz, participa de esos hechos, que se beneficia de esos hechos y por lo tanto, es partícipe, a tipo lucrativo, de los delitos que ha cometido su pareja.

Desde los atentados del 11M y la pérdida del Gobierno, la Derecha vive en una tensión de crecimiento exponencial que aumenta con el paso del tiempo, especialmente desde 2009, que le lleva a conformar el PP como una “organización criminal”, a crear una mal llamada “policía patriótica”, a destruir pruebas a martillazos o a bloquear durante 6 años al Consejo General Poder Judicial. Todo ello con permanente ataque a quienes forman parte del Gobierno de España.

Pero no todos los/as ministros/as reciben la misma magnitud del ataque. Cabría pensar que sería el ministro Grande-Marlaska, que ha sido reprobado por Congreso y Senado o el ministro Bolaños, que sacó al dictador del Valle de Cuelgamuros. No. El ministro que desata las mayores iras de la Derecha es el ministro Puente. Y las recibe desde el minuto uno, en que dijo aquello de “de ganador a ganador”.

Recordemos el texto que al día siguiente publicó el diario nacional: “cuando Óscar Puente se levantó para ocupar la tribuna de oradores todo el mundo se sorprendió de que supiera caminar erguido. Su intervención gorilesca escapa a las capacidades intelectuales de un humilde cronista de letras: pertenece al dominio zoológico de Jane Goodall, y Jane Goodall no había venido. ¿Cómo se le ocurrió a Pedro Sánchez enviarlo en su nombre a responder a Feijóo? ¿Cómo podría no haberlo hecho? Nadie como Puente para encarnar la tonalidad moral y estética del sanchismo, ese engorilamiento progresivo de la política española que está a cuatro plenos de retroceder del pinganillo al hacha de sílex”.

Y cuando estábamos en la consigna buenista de “ante el insulto y el ataque, nosotros/as a continuar trabajando”, en esas llegó Oscar Puente. Y se lió. Porque a la Derecha, le devolvió como un boomerang, los ataques que de forma permanente vienen realizando contra aquellos/as que se atreven a gobernar, contra aquellos/as que osan ocupar un Gobierno, que consideran, les pertenece por la gracia de Dios. 

Desde esa llegada, la Derecha sabe bien que el Partido Socialista ha puesto pie en pared y que sus ataques serán respondidos. Aumentará la tensión política, pero ahora ya todas/os saben que hay un Puente sobre aguas turbulentas.

Este artículo se publicó en el diario digital CORDOPOLIS el día 19 de Abril de 2024

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TOQUEN LA MARSELLESA

Hace unos días el escritor Antonio Muñoz Molina publicó en la prensa nacional, un artículo titulado “La cara de vergüenza”. Reconozco que lo leí con ganas, por ver si en tiempos de desolación, descubría claves para seguir avanzando en la reforma moral e intelectual que propugnaba Antonio Gramsci.

Pero en lugar de eso, lo que encontré fue un artículo más, que muestra la equidistancia de una parte de la intelectualidad progresista. Que se queja del ruido, pero no busca las causas del alboroto. Que iguala a la acción con la reacción. 

Resulta bastante cansino y simplista, el discurso de esa parte de la “intelligenza” izquierdista, que lejos de aportar soluciones, señala a unos y a otros, en un reparto injusto, manifiestamente injusto, que le permite asumir una actitud pulcra y arbitral que es tan estéril como vacua. 

Una equidistancia que está a punto de dar el paso hacia la automarginación, que hace el juego a las fuerzas reaccionarias, y que su imagen más reciente y elocuente es el de una Yolanda Díaz, vestida de riguroso negro, con dificultades evidentes para aplaudir la intervención del presidente del Gobierno del que forma parte. 

Muñoz Molina señala en su escrito una escena de la película Casablanca. Yo, que he visto ese film, miles de veces, prefiero otro momento del largometraje: cuando los oficiales alemanes cantan el himno «Die Wacht am Rhein» y un imponente Victor Laszlo le dice a la orquesta: «toquen la Marsellesa«. Ignoro si servirá para algo, pero estoy convencido de que es la única actitud éticamente posible.

Este artículo se publicó en el diario digital CORDÓPOLIS el día 27 de marzo de 2024.

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NECESITAMOS UNA REFORMA MORAL E INTELECTUAL

Mientras pienso que necesitamos con urgencia una reforma moral e intelectual, la diviso sentada en su escaño de la Asamblea de Madrid.

Lleva puesto un vestido de riguroso color negro, lo que me da un ápice de esperanza de que por fin muestre un poquito de compasión por tanto dolor creado en las residencias de la tercera edad de la Comunidad de Madrid.

Pero mi esperanza se convierte rápidamente en un espejismo cuando la señora Díaz Ayuso, levanta su micrófono y dice: “mi gobierno tuvo que tomar el mando de toda esta situación solo y traer el material sanitario solo. Y ponerse a trabajar con la policía. No a instancias de la policía. Fue la policía la que formó parte de nuestro efectivo y tuvo que entrar en las residencias para saber lo que había ocurrido. ¿Y sabe lo que sucedió? Que había muertos en todas partes, en las casas, en los hospitales, en las residencias… todo colapsado y ¿sabe lo que sucedía también? que mucha gente mayor cuando iba a los hospitales también fallecía, porque cuando una persona está gravemente enferma, cuando una persona mayor está gravemente enferma con el Covid, con la carga viral que había entonces, no se salvaba en ningún sitio”.

Ya está. Ni un ápice de humanidad para con los 7291 fallecidos y sus familias, ni una pizca de respeto para el duro trabajo de los centenares de profesionales sanitarios, que componen los equipos de cuidados paliativos.

El planteamiento de la presidenta de la Comunidad de Madrid es tan simplista, como perverso. Si de todas formas se van a morir, ¿para qué los vamos a tratar en los hospitales?.

Es la banalización del mal, de la que hablaba Hannah Arendt. Es la unión de la ausencia de empatía con los fallecidos y sus familiares y de la insolvencia intelectual de su mente.

Desde Marruecos, el presidente Pedro Sánchez declara: “quiero recordar que el señor Feijóo, se aupó a la presidencia del Partido Popular, después de una denuncia del anterior líder del Partido, sobre un caso de corrupción de la presidenta de la Comunidad de Madrid, de su hermano en concreto, que no ha sido sin duda alguna, ni investigado, ni tampoco recriminado por parte de la actual dirección del Partido Popular. Creo que si queremos todos ser creíbles en la ejemplaridad y en la lucha contra la corrupción, tenemos que ser igual de celosos en cualquiera de los ámbitos y en cualquiera de los casos”.

Automáticamente la Sra. Díaz Ayuso, responde a través de un tuit: “Todo fue investigado por distintas instancias y se demostró que no había nada. Me gusta la fruta”.

Y termina con ese eufemismo pueril con el que insulta llamando hijo de puta, al presidente del gobierno de España.

“Necesitamos una reforma moral e intelectual”, escribía Antonio Gramsci, en 1920. No parece que hayamos avanzado.

Este artículo se publicó en el Diario digital CORDÓPOLIS, el 23 de febrero de 2024

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TEMO HACERME VIEJO, COMO LEGUINA

Temo hacerme viejo, como Leguina. Como Joaquín Leguina. 

Ya está, ya lo he dicho.

Debería ser el final de este texto, pero sólo es el inicio.

Porque yo no temo llegar a ser viejo. 

Si llego será porque estoy vivo, porque he vivido y porque me abrigan mis vivencias y mis recuerdos.

A lo que yo tengo pánico es a no ser yo. A hacerme trampas a mí mismo.

Tengo miedo a entrar en esa deriva en la que han caído gente que admiraba como Joaquín Leguina, Javier Lambán o Felipe González.

Personas que han sido abducidas por el desagüe del lavabo, con una mueca de la referencia que fueron y dejaron de ser.

Tengo dos estupendos retoños de menos de 30 años, que no comprenden porqué su padre se indigna cuando escucha a hablar a Felipe González. Porqué su padre habla de jarrones chinos y de que lo mejor para todos es que alguien, le dé un codazo, sin querer y sin acritud.

Tengo miedo de que la estulticia me haga decir cosas que harían sonrojar al más pintado. Miedo de no ser coherente permanentemente y hasta el final de mis días.

Por fortuna, mi científica mente me aporta ejemplos de que la decrepitud moral no siempre va asociada con la vejez. 

Mis neuronas me anteponen ejemplos como el de Antonio Deza, que a medida que cumple años, se vuelve por momentos, cada vez más lúcido e inteligente.

Una y otra vez me digo que a mí no me pasará. 

Que mantendré la ética y la honestidad de mi padre, que en estos días cumple 97 años. 

Que nada hará que me transforme en una caricatura de mí mismo.

Pero hasta mí llegan las voces, amplificadas por la prensa derechista, que me arrojan como excrementos las palabras de personas que fueron referentes para mí, como Leguina, Lambán o Felipe González.

No tengo miedo en llegar a la vejez. 

Lo que me da terror es llegar y no poder mirar a la gente a la cara por decir lo contrario de lo que siempre he defendido. 

Traicionar una y otra vez, mis sueños y a quienes creen en mí.

(Este texto fue publicado en Diario CÓRDOBA, el día 11 de diciembre de 2022, en la sección Tribuna Abierta)

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EL TRADICIONAL Y ANACRÓNICO CONCEPTO DE TRADICIÓN

Debo decirlo. Cada vez que oigo la palabra “tradicional” me pongo en alerta. No sé qué pasará. Por dónde me robarán la cartera, me darán un golpe o me pegarán un tiro. Pero sé que algo me pasará porque está justificado en que, sea lo que sea, es tradicional.

Ahora leo que la presidenta de la Diputación de Castellón quiere abrir una escuela de “parany”, un método de caza tradicional y prohibido.

El “parany” consiste en una trampa para pájaros dispuesta en los árboles donde se colocan unas “perchas” a las que se le ponen unas “varetas” impregnadas en una sustancia adhesiva – “liga” – para capturar a las aves. 

Hay que aclarar que el parany es un método por el que se capturan de forma no selectiva aves, como petirrojos, picogordos o currucas y que está prohibido por la Generalitat Valenciana y por la Unión Europea.

Pero la presidenta de la Diputación de Castellón, la señora Marta Barrachina, del Partido Popular (ya veis que para ser una lerda, no hay que ser forzosamente de la Ultraderecha), graduada en Psicología (Psicología, psicología, cuántos crímenes se cometen en tu nombre) no se corta un pelo: “en el caso de que el resultado de las pruebas del cesto malla fuese positivo, la Diputación trabajará para la creación de una línea de ayudas que facilite la implantación del cesto malla en los “paranys”, así como la firma de un convenio singular para crear una escuela provincial del “parany” y así organizar cursos y jornadas en municipios”. Todo ello, ha subrayado, con el objetivo de “recuperar una tradición que ha sufrido años de bloqueo, lo que ha generado una fuerte brecha generacional”.

“Si el resultado de las pruebas del cesto malla fuese negativo, la Diputación apostará por la creación de una “cátedra científica” para la selectividad del “parany” con el objetivo de subvencionar estudios científicos para seguir investigando otras fórmulas para hacer viable su recuperación”.

“La Diputación va a seguir defendiendo nuestras señas de identidad y el respeto a nuestras tradiciones, como la caza del “parany”. Y por eso trabajaremos de la mano de la Generalitat para que se articule la reglamentación necesaria que permita recuperar el “parany”, ha insistido Barrachina.

Y ya está. Porque son nuestras tradiciones.

Tradicional es regar “a manta”, porque ya lo hacían lo romanos (y así nos ha ido).

Tradicional es educar a la prole a base de golpes, y maltratar a tu mujer y asesinarla si se tercia. 

Y sí, tradicional también es obtener el perdón de tus fechorías, porque se las cuentas a un señor, normalmente vestido de negro.

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LA DEUDA DE CÓRDOBA CON EL HONOR MANCILLADO DEL CAPITÁN TARAZONA 

Aquella mañana del 18 de julio de 1936, Córdoba no mostraba una especial actividad que pudiera presagiar lo que por la tarde iba a desencadenarse. 

Y es que el día de antes, parte del Ejército español en África se habría sublevado contra la Constitución Española, en un golpe de Estado dirigido por varios generales, entre ellos Francisco Franco Bahamonde.

En la ciudad de Córdoba, los rebeldes fascistas se agrupaban en torno al coronel Ciriaco Cascajo Ruiz, que estaba al frente del Regimiento de Artillería Pesada nº 1, sito en lo que hoy se denomina Avenida Medina Azahara. Desde primeras horas de la mañana fueron llegando al cuartel de Artillería, los oficiales dispuestos a secundar el golpe de Estado y diversos voluntarios (falangistas, monárquicos, latifundistas, militares retirados, etc.) que fueron adecuadamente armados.

En el Gobierno Civil de Córdoba se encontraron durante toda la mañana el gobernador civil, Antonio Rodríguez de León, los diputados socialistas Manuel Castro Molina y Antonio Bujalance López, el alcalde socialista de Córdoba Manuel Sánchez Badajoz y el presidente de la Diputación José Guerra Lozano, junto a concejales, diputados provinciales y algunos dirigentes republicanos más, todos preocupados con la situación y decididos a mantener la lealtad a la República y a la Constitución Española.

Fiel a la República y defendiendo el palacete del Gobierno Civil, se encontraba un centenar de guardias de asalto, dirigidos por el capitán Manuel Tarazona Anaya.

Manuel Tarazona Anaya, en ese momento tenía 35 años. Y era capitán de infantería comandando en Córdoba, el Cuerpo de Seguridad y Asalto, conocido como Guardia de Asalto, un cuerpo policial creado por la República con la intención de mantener el orden público.

Tarazona había ingresado en 1918, con 17 años, en la Academia de Infantería de Toledo y desde entonces había tenido una carrera meteórica en sus diferentes destinos en el norte de África, siendo condecorado en once ocasiones.

El capitán Manuel Tarazona, persona de fuertes convicciones conservadoras, no dudó en ningún momento su lealtad al orden constitucional y a la República Española y dispuso la defensa del Gobierno Civil de Córdoba.

La mañana transcurrió entre desplazamientos del capitán Tarazona para tratar de convencer al coronel Cascajo de que abandonase la sedición y llamadas del general Queipo de Llano al coronel Cascajo, anunciando el triunfo en Sevilla del golpe de Estado y conminando a este, para que declarase el estado de guerra.

A las dos y media, el coronel Ciriaco Cascajo telefonea al gobernador civil y le comunica que va a implantar el estado de guerra. A las tres de la tarde los sindicatos convocan la huelga general y el exdiputado comunista Joaquín García-Hidalgo solicita al gobernador civil que entregue las armas al pueblo, solicitud que es rechazada.

El día avanza entre los preparativos de la defensa de la sede del Gobierno Civil de Córdoba, e idas y venidas de emisarios de uno y otro bando, que proponen a la parte contraria su rendición.

A las cuatro de la tarde, el coronel Cascajo publica el bando de guerra y rodea la sede del Gobierno Civil. Una hora y media más tarde, sitúa dos cañones.

Las fuerzas republicanas que están en el despacho del gobernador, tratan de ganar tiempo para ver si llegan los refuerzos solicitados a Madrid y la columna de los mineros del Alto Guadiato a quienes también se ha pedido ayuda.

Pronto la paciencia de los rebeldes se acaba y hay un intercambio de disparos, que no consigue doblegar a las fuerzas leales a la República.

Es entonces cuando comienzan a disparar los cañones, lo que lleva al gobernador civil Antonio Rodríguez de León, a rendirse para evitar un derramamiento de sangre.

Desde ese momento el tantas veces condecorado, capitán Manuel Tarazona es objeto de todo tipo de iniquidades.

Es detenido por paisanos armados y no por militares de mayor graduación que la suya, como establece el código de justicia militar.

El 12 de agosto de 1936, es sometido a un sumarísimo consejo de guerra, con escasas garantías procesales, acusado paradójicamente, del delito de rebelión militar, precisamente por un tribunal de militares que se han rebelado con el Orden Constitucional y el Imperio de la Ley.

En esas circunstancias y como es de esperar, el capitán Manuel Tarazona es sentenciado a muerte.

La ejecución se realiza al día siguiente, el 13 de agosto. Pero el capitán Tarazona ha de soportar dos últimas ofensas: la primera en vida, es ejecutado en el cuartel de Lepanto por un pelotón de sus propios hombres de la Guardia de Asalto. La segunda, ya muerto. El tribunal ordena que el centenar de hombres que estaban bajo su mando, desfile ante el cadáver, en un ritual macabro y ejemplarizante.

Los restos del capitán Tarazona reposan en una humilde bovedilla del cementerio de San Rafael.

La memoria y el honor del capitán Manuel Tarazona Anaya aún espera el homenaje y el reconocimiento de la ciudad de Córdoba a un servidor público que, pese a sus ideas políticas, permaneció leal a la República y a la Constitución Española.

Para profundizar en el tema, recomendamos dos magníficas publicaciones:

  1. El blog de Arcángel Bedmar https://arcangelbedmar.com/2014/10/09/el-capitan-manuel-tarazona-anaya-y-el-18-de-julio-de-1936-en-cordoba/
  2. La biografía de Manuel Tarazona escrita por Manuel García Parody: https://www.editorialrenacimiento.com/espana-en-armas/1910-manuel-tarazona-un-caido-por-la-libertad-y-por-espana.html
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EL FARIAS

Voy a contar una historia real.

La escuché de labios de Patxi López, una tarde en Puente Genil.

Patxi decía que los y las socialistas estamos aquí, porque otros y otras nos han traído. Que caminamos a hombros de gigantes. Y contaba la siguiente historia que va de un gigante, pequeñito, pero gigante.

Se llamaba Manuel Martín, pero en el Partido todo el mundo le llamaba El Farias, porque siempre llevaba en la boca un puro de esa marca.

Era de León.

Emigró hasta el País Vasco, como tantos miles y miles de andaluces, castellanos y extremeños. Buscando un futuro mejor, dejándose en el camino sangre, sudor y lágrimas.

El Farias fue concejal socialista en el municipio de Guernica.

El único concejal socialista de la corporación. Los demás eran del PNV o de Herri Batasuna.

El Farias, fue concejal durante 24 años.

Los primeros 8 años, se los pasó pidiendo un traductor, porque el resto de los concejales le hablaban en euskera, sabiendo que él no entendía la lengua vasca.

Al Farias le hicieron de todo. Le tiraron dos cócteles Molotov y le quemaron el coche. Le pusieron una bomba en la puerta de su casa. Le metieron en el buzón, varias balas. Le echaron del trabajo. Y a su hija la amenazaron de muerte y tuvo que salir corriendo del País Vasco. Y con todo eso, ni un solo día El Farias, dejó de acudir al Ayuntamiento de Guernica. No faltó ni un solo día.

Cuando le preguntaba al Farias que por qué no tiraba la toalla. El Farias siempre decía que “no estaba dispuesto a renunciar a la dignidad de ser una persona libre. Que no estaba ni un solo día, dispuesto a dejar de defender las ideas y los valores socialistas”.

Manuel Martín, el Farias, falleció el 27 de diciembre de 2019.

Y así concluía su relato Patxi López: “cuando vengan mal dadas, cuando flaqueéis, cuando la situación esté negra, pensad en El Farias. Pensad en los miles y miles de Farias que no conocemos ni sus nombres, pero llevan 144 años dando la cara. Cuando vengan mal dadas, pensad que estamos aquí por quienes nos precedieron. Pensad en esos miles de socialistas que han dado lo mejor de su vida, para que el día de las Elecciones podamos ir a votar y digáis: por el Farias, yo no me quedo en casa”.

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